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Identidades culturales en conflicto

Al tiempo que la globalización económica y financiera extendió su dominio, se ha ido produciendo una reivindicación de lo local que lleva en numerosos países a exaltar el nacionalismo y las diferencias culturales.

Los límites en la capacidad de autogobierno fruto de los cambios económicos conducen a algunos gobernantes a ocultar su impotencia enarbolando la bandera de la identidad cultural y los agravios nacionales. La presencia de inmigrantes y refugiados aumenta la pluralidad étnica en el interior de los países y crea inquietud en grupos de ciudadanos receptivos a la demagogia de los partidos xenófobos, celosos defensores de la homogeneidad cultural.

La  manipulación  de  la  inmigración,  el  terrorismo  y  los

 

prejuicios coloniales alimentan una islamofobia que busca identificar a los musulmanes con el terrorismo islámico.

Ante la llegada de inmigrantes y refugiados, las autoridades europeas dan muestras de división y son incapaces de acordar medidas de acogida, a la altura del reto planteado, que comprometan realmente a todos los Estados miembros de la UE. Una gestión torpe de los flujos migratorios viene ofreciendo bazas a los grupos de extrema derecha para normalizar su discurso excluyente.

En un mundo tan interconectado, regido por la libertad de movimiento de capitales, mercancías y servicios, la deriva hacia el cosmopolitismo se enfrenta al complejo gobierno de la diversidad étnica.